Es cierto que no soy amigo de despedidas, un día me marché de mi trabajo sin más, hace 40 años que suspiraba por una oposición, un puesto tranquilo, lo otro era la fragua, me gustaba, pero no tanto como para no luchar por ser MAESTRO, tiempos duros, de milis, de aguantar la disciplina de alguna persona y muchos mandos tontos, chusqueros de mano dura, de esos que no te dejan pensar, no vayan a descubrir que eres más listo que ellos
Pero el tema es que en la comida de mi insti, ese del que me fui sin decir adiós, porque la verdad es que suelo volver y tomar un café con mis amigos, la cafetería siempre fue mi despacho y todavía me siento como en mi casa.
Retomo..., el caso es que sin darme cuenta me invitaron a decir unas palabras, no era mi jubilación pero me recordaron que yo también me fui, por un momento me sentí halagado y comencé con lo que llevaba días dando vueltas en mi cabeza.
Es cierto que no he leído muchos libros pero también es cierto que algunos los sigo releyendo todavía, y entre mis elegidos tengo "las enseñanzas de un guerrero", escrito por Marc Buillat de Corgemont Sartorio, gran filósofo que basa su tratado en la obra de Eiji Yosikawa sobre el mítico, Miyamoto Mushasi. Y si me gustan Las enseñanzas de un guerrero, mucho más me gusta la obra original de Miyamoto.
Una bonita frase llevaba días rondando mi cabeza " Cuántos son los hombre cuyos méritos perduran después de haberse marchitado las flores"
Intenté resumir mi alegato que tanto rodaba en mi interior golpeando de un lado para otro, llevo algunos meses al otro lado del trabajo, de las obligaciones diarias por un salario para comer, y desde este lado algo más ocioso que el otro, al menos hace tiempo que me contaban el origen del ocio y del no ocio o negocio.
Queda algún mérito en mi trabajo que sea digno de mencionar o simplemente ha sido un trueque profesional, comentaba que dichos méritos la mujeres lo tienen mucho más fácil, porque la maternidad les suele pesar más a ellas y aunque el embarazo indica el inicio de acompañar y el parto debiera ser el inicio del compartir, siempre han gustado de hacerse cargo de la prole, aunque algunos rompimos dicha regla hace tiempo, porque criar a mis hijos nunca fue una carga, sino un disfrute, lleno malos y buenos momentos, de arrugas en el rostro, unas de reír y otras de llorar, pero una gran labor.
Intenté ser breve porque considero que en una sociedad que se va simplificando a pasos agigantados demasiadas palabras son difíciles de digerir y no tengo emoticonos en mi discurso. Pero hay profesiones que bien valen una vida y una lucha por dejar este hogar llamado tierra siendo un poco más humano.
Queridos compañeros, pensad que cuando vaya pasando esa marabunta de pequeños problemas, de problemas tontos que suelen durar demasiado y respondáis a la pregunta de ¿Cuántos son los hombres cuyos méritos perduran después de haberse marchitado las flores? No tengáis ni que responder nada, eso significará que la conciencia está tranquila, porque si se empieza a hurgar en los errores cometidos, esos que son humanos, eso implica que no has sentido a esas maravillosas personas que nos han acompañado, primero eran niños, luego adolescentes y hoy desempeñan su papel en la sociedad, son buena gente en su gran mayoría, algunos incluso ya nos han dejado, pero cuando voy por la calle y los saludo no tengo que preguntarme nada, simplemente he cometido errores, cuando he sido consciente de ellos he pedido disculpas y siempre los he querido como lo que son PERSONAS. Termino con unas palabras escritas en la pared de la entrada a mi instituto, esas que reescribí en mi corazón y que tantas veces he repetido. " No son días ni horas, son personas"
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