Lees bien, seguro que conoces el dicho "a burro muerto la cebá al rabo", en otro tiempo muy usada en el lenguaje cotidiano y en estos casi olvidada.
Si llevamos estas palabras a los quehaceres diarios es muy fácil observar como ponemos zancadillas al próximo, unas veces para el beneficio propio y otras simplemente por justificar nuestro ego, llamamos prójimo a otras almas lejanas a nosotros y lavamos nuestros pecados con .donaciones de aquello que nos sobra.
Mientras tanto el día a día lo llevamos a cabo sin importarnos el compañero, ese que está proximo, todos los días a nuestro lado, al tiempo que arrimamos descaradamente el ascua a nuestra sardina. siempre tenemos la palabra justa para justificar lo injustificable si realmente quieres ser justo, ecuanime y cortés con los quehaceres diaríos
Tampoco nos importan demasiado los amigos, confundiendo a éstos con las compañías en los ratos de ocio y las fiestas, volvemos a confundir aquello que nos sobra y malgastamos casi siempre con complices poco recomendables nuestro tiempo de ocio, aquel que empieza cuando el no ocio se termina, también llamado negocio, podemos construir nuestro tiempo libre en aquello que realmente nos interese, pero nos dejamos llevar por el entorno y lo malgastamos en viajes programados para la foto de las redes sociales en vez de nuestro enriquecimiento personal, en fiestas con personas que a veces casi ni conocemos, con amigos que desaparecen cuando el mal fario nos acecha.
Y luego cuando vemos que un trabajador cualquiera toca un instrumento, sentimos envidia, o corre una maratón, sentimos envidia, o....ponga usted lo que desee, sentimos envidia. Muchas veces unos amigos se juntan para tocar un instrumento o simplemente cantar sin afán ni fin de provecho, realmente esos esfuerzos refuerzan unos lazos diferentes, al igual que aquellos que comparten un vestuario, un tatami o una cancha, todos ellos verdaderamente aprenden el valor de la amistad
Cuando alguno desaparece, por la edad, un cambio personal o simplemente, nos deja sin avisar por el infortunio del destino, entonces mandamos flores, hacemos fiestas de despedida y todo ello para no pararnos a pensar que podíamos haber sido más generosos en el día a día, no dejarlo cuando realmente nos necesitaba y digo realmente porque en una sociedad de egos victimistas tenemos que estar atentos con los que ciertamente lo pasan mal y no lo cuentan y los que están deseando que seamos nosotros los que saquemos su basura mental.
Puedo concluir que estamos demasiado ocupados en el bienestar personal inmediato, olvidando todo lo que realmente merece la pena, en otro tiempo el ser humano era más solidario, más colaborativo y compartía lo que tenía con el próximo, lo solía hacer en forma de presente hacia los que le rodeaban, no es necesario más que acercarse a cualquier aldea de este país para verlo, mientras que si visitas cualquier ciudad estarás más desprotegido, pasarán cientos de personas por encima de tu cadáver y luego en las noticias sentirán pena por tu infortunio.
A pesar de todo creo en la amistad del próximo al tiempo que me sacudo el polvo de todos los "besos falsos", los "navajazos a la espalda", y con la edad procuro seleccionar en mi vida la compañía, para no tener que llegar al "más vale solo a mal acompañado", valoro a quien se sienta a mi lado y habla cuando yo callo y escucha cuando hablo, aquel que es "amigo musotoku", esto último es "inventao", sería un amigo sin afán ni fin de provecho.
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