jueves, 1 de junio de 2017

El enigma del siete

No se trata de ...,, la verdad es que se puede tratar de tantas cosas como quiera ver aquel que lo lea, si realmente lo lee alguien, Lo que pretendo es repasar mi itinerario vital de una manera entretenida, para lo que he recurrido al siete como número mágico, el motivo viene de antaño; era la manera simple y eficaz, que una mítica maestra de mi época, tenía de explicar la psicología evolutiva, eran ritmos y tiempos de antaño, simples, sencillos y eficaces.

En mi niñez llegar a los siete años era un tiempo en que se solía sembrar en los niños, y sembrar nada menos que la catequesis, eramos el terreno ideal donde "sembrar la fe", esa que, luego, no sabes porqué pero que ya te caló hondo, siendo el culmen la primera comunión, edad temprana, es cierto pero no es menos cierto, que los chavales se encontraban con las responsabilidades de la vida, mucho antes que en la actualidad.

Los catorce no han cambiado tanto, la pubertad estaba en todo lo suyo y las hormonas no sabían por donde reventar. Como siempre, un gran conflicto con la iglesia, te decían que hasta te podías quedar ciego, que el infierno te esperaba, pero lo cierto es que no te ibas a cortar las manos y menos cuando incluso te levantabas demasiado húmedo. El conflicto no te lo quitaba nadie pero lo cierto es que si se pierde la vista será por otro motivo, porque hace décadas que un servidor debería andar ciego. Tremenda lucha mientras pasan los años, las novias, el instituto y la carrera.

Y todo para llegar a los veintiuno, también crucial en mi época, donde la mili todavía era obligatoria y en general servía para cambiar de aires y sobre todo para aprender disciplina, maldita palabra o bendita, cuando se es bien entendida. Época de mosqueo con mis superiores, no me considero un animal fácil de domesticar, pero ciertamente aprendes que "o callas, o sucumbes", en mi caso llegó a ser de gran utilidad. No callarme, me conducía al calabozo, o a estar meses enteros en otro destino teóricamente castigado haciendo guardias todos los días, pero si bien es cierto que me cuesta callarme, no es menos cierto que cuando quiero aprovechar el tiempo no me cuesta tanto, en el calabozo se podía estudiar, en la garita se podía estudiar cuando las farolas estaban cercanas y a la luz del piloto del dormitorio común, también me podía dejar la vista. Los pasillos solitarios, donde quedaba algo de calor en el radiador, eran mi destino de tarde, y una mesa inmensa donde dejar los libros llamada suelo, porque "yo quería ser maestro". Tamaño esfuerzo, no cayó en saco roto, todo ello, a pesar de que no me facilitaron una biblioteca donde estudiar, o un bonito permiso para exámenes, incluso mandan a la guardia civil a buscarme por pensar que estaba en fuga. Afortunadamente los exámenes habían terminado, Sin embargo sacar la oposición marcó otra época, fue un cambio vital importante

De vuelta a casa, mi vida había cambiado bastante, no tenía que preocuparme por el sueldo, ni si tendría dinero para salir a dar una vuelta ,empiezan problemas de buscar pareja y madriguera, y en mi caso también lo hice diferente, primero busqué pareja, me viene el primer hijo sin muebles, ni casa ni destino definitivo, por tanto digamos que hasta los veintiocho, todo camina muy rápido cambiando de lugar, de modo de vida, de hogar.

Y empezamos a lo que sería sentar la cabeza, aunque en mi caso ni el culo siento yo, cierto que con pareja e hijo decido ser un marido ejemplar, un padre ejemplar, demasiado tranquilo, tanto que sin darme cuenta encargo la parejita. Todo eran pañales, niños chicos, y una gran energía encauzada a su crianza, sin darme cuenta llego los treinta y cinco con un grado de madurez que ni yo mismo me creo. He aprendido a ser padre soportando la ausencia del mío.

Un día me miré al espejo y descubrí con asombro en lo que me había convertido. Criar  estaba bien, pero dónde habían quedado mis sueños con el deporte, con el taekwondo, había que retomarlos y volver a mis ilusiones y ser yo mismo y mis circunstancias. Lo que me lleva a superar la cuarta década pensando en volver a cambiar de ubicación, y habitar de manera estable la segunda madriguera que teníamos en la capital, todo parece que mejora, Pero no es cierto que mi vida personal mejore demasiado, los verdaderos cambios o son internos o simplemente trasladamos problemas, ..¿para qué?.Para pasar una época de cambio, de calle de gimnasios, de profesor de taekwondo en mis ratos libres, Albacete supuso primero un cambio radical, nuevas actividades, nuevas amistades, aunque en el fondo empiezo una etapa en la que criar no es suficiente.

Para llegar al mítico siete veces siete, siendo los cuarenta y nueve, época de iniciar la abulescencia, antes se llamaba la crisis de los cuarenta, Es el cenit vital, los hijos han crecido, he cambiado tantas veces de destino que otra más no me importa, aunque sea para volver a los orígenes, vuelvo con el cansancio vital de la crianza y la ilusión de mi trabajo, vuelvo a la universidad, a los estudios a comprobar que mi cabeza está en condiciones de uso. Vuelvo a mi madriguera original, Nuevos compañeros, nuevo centro nueva forma de de vida. Tiempo de compartir universidad  y trabajo, entrenamientos personales, escuela de idiomas.

Pero la edad no perdona ni el sistema me ayuda en el final de mi carrera, Unos políticos se encargan de suprimir - reducción del complemento de destino en secundaria y la reducción horaria para mayores de 55 años- lo que no se ha suprimido en ningún lugar de España salvo en mi comunidad, y cuando llegan al poder los que pregonan lo de "a igual trabajo igual salario", viven a sus anchas con el trabajo sucio anterior

Empiezo a sentirme estafado, en el sueldo, mi oposición y mi carrera eran de EGB y no me han regalado nada al pasar a secundaría, en el trabajo pues quema bastante que te soplen 21 horas lectivas de docencia directa con alumnos, 10 en segundo de ESO y 11 en FPB, asi año tras año, espero que recuerden las palabras de D. Diego Requena, antiguo maestro mío "otros vendrán que bueno me harán". De tal manera que si bien los sesenta y tres hubiera sido un buen momento para jubilarse, llevo siete años engordando el síndrome del Bournout.

Y aunque pueda parecer que un servidor puede con todo (y como puede seguimos echando leña en el borrico) por aquello que no entra en mis cánones vitales el victimismo, Es cierto que no está siendo nada fácil el final de mi vida laboral, se han perdido las ilusiones, no siento reconocido el esfuerzo realizado a lo largo de los años, ni veo que sirva demasiado mi forma de entender la enseñanza con los nuevos tiempos sociales. Siempre intenté adaptarme a las nuevas tecnologías, a las nuevas tendencias, todo ello sin abandonar los principios fundamentales de la EDUCACIÓN, y creo que esos tiempos me van viniendo grandes. Todo ello me lleva a suprimir lo que hubiera sido un buen final de etapa por lo que siento como una subida a un puerto con demasiada pendiente para mí.

Ahora toca enfilar nuevas circunstancias, nuevos proyectos, atrás quedaron otras ilusiones y muchas horas de esfuerzo que cayeron en saco roto, de nada sirvió, el curso de directivos que me llegó después de haber sido director y secretario, la especialidad de música, o la licenciatura en psicopedagogía, que me aportaron conocimientos para mi trabajo personal, pero nulo reconocimiento laboral, social o económico.

Empiezo con lo que pueden ser tres años de formación en otras cosas, de retomar ilusiones perdidas, de buscar nuevos horizontes para decir simplemente esto es un gran cambio más por lo que ha de venir que por lo dejado. No digo "adiós sino hasta siempre, que lo que junto ha vivido, junto morirá", frase de mi compañera Mª Luisa hace demasiados años, cuando ser maestro era algo importante para un chaval de pueblo que veía venir la vida con la ilusión de un "niño con zapatos nuevos"

Ahora toca preparar el nueve veces siete renovando energía física y mental rompiendo, con un pasado, con viejos moldes y enfilar el futuro con ilusión, ¿De qué?, pues tengo tres años para ir pensando en aburrirme a ver si soy capaz de entender a Lao-Tse y meditar sobre el sentido de la "no acción" o "relajar la mente".

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