Una sensación, un sentimiento, una necesidad, un hastío, podría dejarlo en ostracismo a secas, porque cuando se dedica un tiempo importante al estudio nos damos cuenta que hemos perdido facultades físicas que antes poseíamos, pero ¿qué pasa si tengo tiempo suficiente para ellas?, pues claro está que como el tiempo es limitado y mi capacidad también, llego a un punto en el que empiezo a perderme, ya sé tanto y hay tantas cosas que puedo hacer, que olvido hacer una planificación inteligente.
He dicho "planificación inteligente", ha quedado bonito, a veces hasta me gusto.
Pero eso ¿qué es?, muchas veces pienso que planificar es poner objetivos y distribuirlos en el tiempo, pero yo no suelo ser muy realista en mis programas, otras puedo pensar en ajustar rutinas, pero esto me puede hacer perder la inteligencia.
Y llega el debate, rutinas como sistema económico e inercial o creatividad como sistema inteligente de avanzar hacia un objetivo.
Lo que creo que está claro es que un abulescente no debe caer en el ostracismo y una situación que se prolonga lo acerca a la madurez, madurez de ser más que abuelo es grave, al que le pille que se aguante, pero como buen abulescente, no puedo dejar que la rutina me atonte, me aleje de la socialización y entre en estado de autoengaño, ese que me hace creerme que soy feliz, porque todos los días como, bebo y poco más porque la vida de abulescente tiene eso, que si soy feliz porque no me falta la comida ni la bebida y hasta un polvo fácil, puede que me esté engañando y cayendo en la autocomplacencia de cara al público, pero ¿realmente me siento realizado?
Un abulescente, seguro que no, y un abulescente puede ser alguien molesto que ha aprendido a vivir con los errores del pasado, que no son tantos en cuanto puedo pensar que todo lo hice de buen hacer. Pero al final un abulescente no debe madurar, porque según el budismo zen, eso sería como entrar en el ataúd, es necesario buscar nuevos proyectos, reprogramar lo programado para ajustarlo a la vitalidad que nos queda, a nuevos proyectos. Y sobre todo seguir creciendo como persona.
Al final ¿Qué nos queda?, pues no lo sé, pero tendré que compaginar Lao-Tse y Confucio porque el primero me acerca a la autocomplacencia de la no acción y el segundo a la competencia o a la competición.
¿Podemos marear más la perdiz con tanta vuelta a los orígenes? Pues claro! en eso estamos! Y todo eso que no he empezado con la feminidad y la masculinidad de ambos... otro día más!
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