Cierto repelus me produce esta palabra, sin importarme que si me miro en el espejo descubriré nuevas arrugas, a pesar de que un querido alumno me decía que tengo las mismas que hace más de treinta años. Todo es sencillo tomaré la distancia pertinente del imperdonable espejo hasta que no vea ninguna, pero a poco que nos fijemos veremos una figura desfigurada por el tiempo y que vuelve a reflejar el paso de los años. Algunos lo dulcifican con la susodicha palabra maduración, como si no supiésemos que dicho vocablo es la antesala de la podredumbre. Así de sencillo y el que tenga duda que deje cualquier fruta de esas que se recogen verdes de la mata y "maduran" en cajas, las compramos en su punto pero al poco tiempo vemos que si se quedan en las bolsas, se vuelven modernas y les salen pelitos (mejor no depilar), y si las dejamos fuera se arrugan y tres cuartos de lo mismo.
Mucho más bonito era cuando mi madre cortaba con mucho mimo las mejores uvas de la parra y las colgaba donde corriera el aire, que ricas las pasas pensaba entonces, pero la verdad es que en navidad y poco más, dábamos cuenta de ellas o de lo contrario... Zas! se caían del racimo.
Que tranquilo me ha quedado¡ Ya no me preocupa ni aquello de cuántos son los hombres cuyos méritos perduran cuando se han marchitado las flores.
Los granos caerán pero no me acostumbro a madurar, me considero el eterno aprendiz, o el eterno parvulito, y eso que mi cerebro tan baqueteado por el tiempo ya no asimila como antaño, pero seguiré aprendiendo, si bien es cierto que me cuesta asimilar, no es menos cierto que puedo estar más tiempo asimilando.
Todo será programar el nuevo año!
¡Y por si algún despistado lee estas palabrillas, Feliz Año!