miércoles, 21 de agosto de 2013

el temple

No se me ocurría otro verbo más irregular, para expresar la idea de la adolescencia en la forja de la personalidad humana. Aunque podríamos pensar que son muchos los mamíferos que pasan por algo parecido a nuestra adolescencia.
Facil es ver el significado de la palabra temple, no tenemos más que echar un vistazo al diccionario de la Real Academia y bien es cierto que es una palabra que se usa muy a menudo, unas veces hablando del tiempo, ese que cuando no es ni chicha ni limoná llamamos templado, otras usándolo como sinónimo de tensar y todo eso pasando por cantidad de ámbitos desde el torero hasta el amoroso aunque los templarios merecerían un capítulo aparte.
En mi caso suelo ser de los que tienen afinidad a pensar por experiencias pasadas más que por el aprendizaje, o sería mejor decir que un aprendizaje no es tal si no es significativo, valga el dicho " lo que bien se aprende nunca se olvida".
De esta manera se me ocurrio pensar en la importancia que tenía templar el hierro en la fragua de mi padre, experiencia temprana a la que no hacía demasiado caso, salvo en raras excepciones, y ahora me doy cuenta de su importancia, porque incluso cuando se le dejaba enfriar sin más, ya era prepararlo para su uso venidero.
A lo largo de uno de esos trotes mañaneros hacía un simil entre la importancia de templar el utensilio de trabajo, algo difícil en los aceros de algunas armas, que tienen que soportar duros golpes unas contra otras, sin doblarse ni partirse, algo francamente complejo al ver desplazarse los tonos azulados por una pieza de metal, que después se convertirá en el alma de un guerrero. Consideraba que la adolescencia sería algo parecido, teniendo vital importancia el calentamiento inicial (diganme si la pubertad no es el inicio de un calentón hormonal que nos puede durar años) y la importancia que tiene dicho calentamiento con la interacción social adolescente, ese sería el simil al que me refería, templar un hierro después de forjarlo sería como la adolescencia en la forja de la personalidad.
La verdad es que todo puede estar muy bien, pero el origen y fin de este blog no es ni más ni menos, que la Abulescencia. Y la personalidad no es algo estable en el tiempo en personas que quieran modelarsela, otro devate abierto, al menos a mi me da la gana pensarlo de esta manera, y todo eso que llamamos rasgos de personalidad etc... etc... es porque nos acomodamos y nos quedamos rígidos en la poltrona y no nos da miedo afirmar que tenemos una personalidad definida y tantas cosas más que nos engorda el ego, lo malo es cuando algún cabroncete como yo define este proceso rigidez mental, término que ya usaba Pepe Sotos para los amigos y D. José Jesús Sotos Pérez para los alumnos, pero los que tuvimos la suerte de compartir ambos roles aprendimos no solo de su sapiencia sino también de su fino y mordaz instinto para sacarnos del ostracidio de la vida cotidiana.
Si considero la personalidad como algo más plástico de lo que se empeñan en afirmar los psicólogos, entonces puedo pensar que la abulescencia es una etapa importantede la vida para la persona ,entendiendo el ser como individuo y como especie

segunda abulescencia.

Lo bueno de ser abulescente es que a diferencia de la adolescencia, que se suele pasar una sola vez, por dolorosa, amarga y duradera que nos pueda parecer, la abulescencia es algo que puede aparecer más y más veces.
El presente, que soy yo, anda por la segunda abulescencia, que es algo muy bueno al asentarse sobre la primera, ya que tantas veces decimos "si yo volviera a vivir sabiendo todo lo que sé ahora...", pues miren por donde, soy bi-abulescente, sabiendo un ratillo más que antes.
El problema es que si bien el saber no ocupa lugar, algo que no me creo demasiado, el cuerpo, ciertamente, nos pasa factura, algo que viene enmascarado y que nos intenta engañar, Thas´s the question, o no se como se quiera decir, pero de mayores nos duele el cuerpo o nos duele el alma, o simplemente el dolor es un constructo demasiado personal.
Sea como sea no tenemos más remedio que ponernos manos a la obra y salir a la calle, y si no tenemos que mirarnos al espejo porque no nos gustamos demasiado, pues no nos miramos, pero nos cueste lo que nos cueste..."HE VUELTO A SER ABULESCENTE"